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Fraude por Telemercadeo
27/12/2007

¿Qué es el Telemercadeo Fraudulento?

El telemercadeo fraudulento se refiere, en general, a cualquier ardid para defraudar, en el cual las personas que llevan a cabo el fraude utilizan el teléfono como su medio principal de comunicación con víctimas potenciales, e intentan persuadirlas a enviar dinero al ardid. Al intentar persuadir a personas a comprar bienes y servicios, invertir dinero o donar fondos a obras de caridad, la operación de fraude de telemercadeo típicamente utiliza numerosas afirmaciones, declaraciones y promesas falsas y engañosas, con tres finalidades:

(1) Dar la impresión de que el bien, servicio u obra de caridad que sus telemarketers ofrecen al público valen la suma de dinero que le piden al consumidor que envíe. Por definición, los telemarketers fraudulentos no desean brindar a los consumidores un valor justo por el dinero que han pagado a los telemarketers. Debido a que su objetivo es maximizar sus propias ganancias personales, aunque el consumidor sufra daños financieros sustanciales, el telemarketer fraudulento adoptará, típicamente, uno de los siguientes enfoques o ambos: no proveer nada de valor al consumidor a cambio de su dinero, o proporcionar artículos de valor modesto, muy inferior al valor que el consumidor esperaba que tuviera con base en las declaraciones del telemarketer. Cuando el artículo es, supuestamente, un "obsequio" o "premio" tangible de valor sustancial como, por ejemplo ocurre en los ardides de caridad o ardides de premio-promoción, en lugar de los mismos, los telemarketers fraudulentos proporcionan a sus víctimas lo que llaman un “pequeño obsequio.” El "reloj con diamantes" que el consumidor pensaba que valdría centenas o miles de dólares, por ejemplo, resulta ser un reloj de producción barata con una diminuta chispa de brillante, por el cual el telemarketer fraudulento probablemente ha pagado apenas entre 30 y 60 dólares.

(2) Obtener pago inmediato antes de que la víctima tenga oportunidad de inspeccionar el artículo de valor que espera recibir. Independiente del bien o servicio que el telemarketer fraudulento diga que ofrece -- artículos de inversión, suscripciones de revistas o útiles de oficina, por ejemplo --, el telemarketer fraudulento siempre insistirá en recibir el pago por adelantado del consumidor, antes de que el consumidor reciba el bien o servicio. Si los consumidores recibieran los bienes o servicios prometidos antes de pagar, y se darían cuenta de que el bien o servicio tiene poco o ningún valor, la mayoría de ellos, probablemente, cancelaría la transacción y se negaría a pagar.

Por lo tanto, los telemarketers fraudulentos efectúan declaraciones falsas y engañosas como rutina, para que el consumidor deba actuar de inmediato, si desea recibir el bien o servicio prometido. Dichas declaraciones pueden sugerir que la oportunidad ofrecida es en cantidad o duración limitada, o que también hay otras personas interesadas en la oportunidad. Además, los telemarketers fraudulentos suelen persuadir a sus víctimas a que envíen dinero por algún medio de envío acelerado que permita a los telemarketers recibir los pagos de las víctimas lo antes posible. Cuando las víctimas tienen cheques o giros postales, los telemarketers utilizan servicios de courier publicitados en todo el país que les entregan los cheques de las víctimas al día útil siguiente. Si las víctimas tienen tarjetas de créditos, los telemarketers obtienen cuentas de comerciante en instituciones financieras, para así poder procesar el número de la tarjeta de crédito de inmediato.

(3) Crear un aura de legitimidad alrededor de sus operaciones, tratando de parecerse a operaciones legítimas de telemercadeo, empresas legítimas o dependencias gubernamentales legítimas. En los ardides de suscripciones de revistas, por ejemplo, se suele decir a los consumidores, “Somos exactamente como” una organización de distribución de revistas publicitada en todo el país, y en algunos casos, simplemente mienten a los consumidores, diciéndoles que son una organización publicitada nacionalmente. En los ardides del tipo “destrucción total” o “sala de recuperación”, los telemarketers suelen hacerse pasar por agentes federales u otras autoridades del gobierno para lograr que sus exigencias de dinero adquieran mayor credibilidad. 

Otro factor que distingue a las operaciones fraudulentas de telemercadeo de las legítimas es el acto de "volver a dar cuerda". El "volver a dar cuerda" se refiere a la práctica del telemarketer fraudulento de volver a contactar a víctimas, después de sus transacciones iniciales con el telemarketer, pidiéndoles pagos adicionales. En los ardides premio-promoción, por ejemplo, se suele decir a las víctimas que han pasado a ser elegibles para niveles y valores de premios aún más altos, por lo cual deben pagar "tasas" o "impuestos" (inexistentes) adicionales. Debido a que las transacciones en las que se "vuelve a dar cuerda" típicamente exigen cantidades de dinero cada vez más sustanciales a las víctimas, proporcionan a los telemarketers fraudulentos sus mayores ganancias, provocando pérdidas cada vez mayores a los consumidores, las que jamás los telemarketers fraudulentos les devuelven por voluntad propia.

Un tercer factor que distingue a las operaciones de telemercadeo fraudulentas de las legítimas es la reticencia general del telemarketer fraudulento a contactar a víctimas potenciales que vivan en el estado en el que la operación de telemercadeo conduce sus negocios. Los telemarketers fraudulentos reconocen que, si contactan a víctimas ubicadas fuera de su estado, es posible que cualquier víctima que acabe por darse cuenta de que ha sido defraudada no sepa a qué dependencia del orden público debe contactar con quejas. Menos probable aún es que viaje directamente hasta la operación de telemercadeo y afronte a los telemarketers con relación a sus pérdidas.

Si bien a muchos consumidores, aparentemente, les parece difícil creer que haya personas que los contactarán por teléfono, mintiendo y engañando para quitarles su dinero, en realidad, en cualquier momento dado, hay, por lo menos, varias centenas de operaciones fraudulentas de telemercadeo -- algunas de las cuales emplean hasta varias docenas de personas -- en América del Norte, que buscan defraudar a consumidores en los Estados Unidos y el Canadá. Asimismo, dichos ardides no suelen elegir sus víctimas de manera aleatoria. Como rutina, los telemarketers fraudulentos compran los unos de los otros, y de "corredores de pistas", compañías que se dedican exclusivamente a comprar y vender pistas del telemarketers fraudulentos, "pistas" -- o sea, listas de nombres, direcciones y números de teléfono de personas que han sido defraudadas en ardides de telemercadeo previos (y, típicamente, la suma de su última transacción con un telemarketer fraudulento). Si bien las pistas resultan relativamente caras al telemarketer fraudulento -- tanto como 10 o hasta 100 dólares por pista, en algunos casos -- también indican al telemarketer fraudulento qué consumidores tienen mayor probabilidad de ser persuadidos a enviar sumas significativas de dinero, muy superiores al costo de las pistas.

Es posible que las firmas que den referencias provean los nombres de "touts" o "singers". Los "touts" y "singers" son personas que elogian los servicios del telemarketer, aunque, en realidad, son parte del ardid. Los telemarketers a veces dan como referencia, también, una organización con un nombre similar al del "Better Business Bureau" ("BBB"), pero que, en realidad, no tiene ninguna relación con un legítimo BBB local.

Fuente: United States Department of Justice