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Hacienda La Esperanza, Reserva Natural

Número de identificación 000768
Fideicomiso de Conservación de Puerto Rico
Manatí , PR
United States
Descripción
La Reserva Natural Hacienda La Esperanza ha sido el hábitat de importantes interacciones entre seres humanos y la naturaleza desde hace miles de años. Desde asentamientos indígenas hasta importantes desarrollos agrícolas, esta área hoy se recupera y nos sirve de un gran laboratorio de investigación ecológica y descubrimiento de la historia de sus habitantes.

La Esperanza es el área natural más extensa adquirida por el Fideicomiso de Conservación a través de la compra de terrenos.

Esta Reserva Natural consiste de 2,278 cuerdas y cuenta con parte de un amplio llano aluvial, más de tres kilómetros de costa con dunas cementadas y playas a orillas del Océano Atlántico.Los estuarios, manglares, los humedales de agua dulce, los cerros calizos con sus bosques y una zona arqueológica precolombina forman parte del extraordinario valor natural y cultural de esta Reserva.

Valor Histórico y Cultural
La Hacienda La Esperanza fue una de las plantaciones de caña más avanzadas, prósperas y emblemáticas del desarrollo agrícola de Puerto Rico durante la segunda mitad del siglo 19.

La Hacienda La Esperanza comenzó con Fernando Fernández, un hombre militar proveniente de Castilla que llegó a Puerto Rico a finales del siglo 18 y comenzó a adquirir terrenos en el área de La Esperanza durante la década de 1830.

Estos terrenos los heredó su hijo mayor, José Ramón Fernández y Martínez, quien cuarenta años más tarde adquirió sobre 2,000 cuerdas adicionales de terreno, convirtiéndose en una de las figuras más influyentes de la región caribeña bajo el dominio español. Por su influencia durante este periodo es que Fernández obtiene el título de Marqués de la Esperanza.La Esperanza comenzó a operar como hacienda azucarera para finales de la década del 1840. El Marqués llegó a tener sobre 150 esclavos de su propiedad.

Aunque la Hacienda prosperaba, la industria de exportación azucarera puertorriqueña enfrentaba varios retos debido a las crecientes presiones en el mercado internacional y la falta de mano de obra y capital a nivel local. Ante esta crisis, el Marqués decide sofisticar e incrementar la producción de azúcar en la Hacienda. Con este propósito, el Marqués de la Esperanza adquirió una moderna máquina de vapor fabricada por la West Point Foundry en 1861. El Marqués logró su propósito ya que para la década de 1870 la Hacienda era una de las más productivas de las Antillas, rindiendo entre 500 y 600 toneladas de azúcar por cosecha.

Además de su notable presencia dentro de la industria azucarera en Puerto Rico, el Marqués también jugó un papel muy influyente en la política de la Isla: presidió el Partido Conservador en 1871, participó activamente en los esfuerzos para la creación de bancos de crédito y de vías de comunicación para la transportación de productos agrícolas como medidas para impulsar la economía local, defendió la relación colonial con España y participó directamente en los esfuerzos de resistencia al movimiento abolicionista en la Isla.

Sin embargo, cuando se legaliza la abolición de la esclavitud en 1873, ésta—junto con la caída de los precios del azúcar en el mercado internacional, el fuerte aumento en las tarifas en los Estados Unidos para el azúcar proveniente de las colonias españolas, y el debilitamiento del poder político de España a nivel internacional — deteriora significativamente la operación de las haciendas azucareras de la Isla. Todos estos factores añadidos a las crecientes deudas del Marqués resultaron en el traspaso en 1891 de la Hacienda a manos de Wenceslao Borda, un agente de la compañía que había ayudado al Marqués a financiar una gran parte de los gastos operativos de La Esperanza. Aunque el cultivo de caña continuó, éste se dividió entre distintos individuos o familias a quienes Borda arrendaba los terrenos de la Hacienda. Una vez abandonado el cultivo de caña a grande escala, la mayoría de estas tierras se utilizaron para el pastoreo de ganado.En 1975 el Fideicomiso adquiere los terrenos de La Esperanza con el fin de conservarlos a perpetuidad.

Desde entonces, el Fideicomiso se ha dedicado a restaurar las estructuras y la maquinaria de la Hacienda y a concluir una investigación histórica exhaustiva sobre ésta, su tecnología agrícola, sus dueños y todas aquellas personas, en su mayoría esclavos, que trabajaron, vivieron y murieron en torno a la Hacienda La Esperanza.

También se efectuaron excavaciones donde se encontraron yacimientos que datan del 510 DC, entre los que se destacan un parque ceremonial de pelota, cuatro plazas, petroglifos y un cementerio indígena.
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